Tiempos de ataque en el Taekwondo

El ataque la mayoría de las veces es un impulso. Sentimos que tenemos que atacar y atacamos percibiendo o intuyendo cualquier posibilidad: en cuanto el adversario baja su ritmo o pierde la atención; en un momento en el que está demasiado relajado como para poder reaccionar; cuando algo interfiere en su concentración; cuando pierde su balance posicional o se sitúa al borde del área de competición en un espacio en el que tiene dificultades para desplazarse o, también, cuando sentimos que nuestra acción va a alcanzar su objetivo.

Tiempos de ataque en el Taekwondo

Los españoles Jesús Benito y Mercé Barrientos nos brindaron en exclusiva extractos de varios capítulos del libro: “TAEKWONDO. Técnica, táctica, estrategia, competición”, que iremos publicando poco a poco para que puedan ser compartidos por los lectores de MASTKD.

Kibon Kisul

Aspectos sociomotrices, semiomotrices y condicionales


Uno de los errores frecuentes de los deportistas noveles es atacar por impulsos, aleatoriamente, sin tener en cuenta la información que ser recibe del adversario o si éste se encuentra prevenido para responder. Los tiempos de ataque se generan cuando percibimos que el adversario tiene una debilidad que puede ser física, mental, situacional o estratégica.

Las debilidades físicas podrían ser una mala posición de combate -o bien porque el competidor esté muy clavado al suelo o con una separación excesiva de piernas (ambos errores dificultan la capacidad de desplazarse); porque esté con los pies excesivamente juntos -se pueden tener problemas de estabilidad-  o por tener el peso del cuerpo sobre la pierna atrasada, con lo que telegrafía sus intenciones. También puede ser una debilidad física, un estado de cansancio o la presencia de un impedimento (una contusión, por ejemplo). Otro momento muy aprovechable para atacar se produce cuando el adversario pierde su balance posicional o el equilibrio (por ejemplo: después de haber sido empujado con un miro chagui o tras varias acciones de desplazamiento encadenadas).

Como ya se ha indicado, la mayoría de las veces la posición de combate es un reflejo claro de las intenciones que el contrario pueda tener y observar la distribución del peso del adversario permite atacar con un mayor porcentaje de acierto.

Las debilidades mentales se producen cuando se da una pérdida de la atención focalizada, al interferir con el competidor otras fuentes de información como el coach, el público o el árbitro.

También sucede con competidores poco expertos que se entretienen reajustando las protecciones o se despistan mirando el marcador dentro o cerca de la distancia crítica o que tienen dificultades para mantener durante el tiempo necesario un grado tan extremo de atención como el que requiere un combate.

Finalmente, otro momento que se utiliza muy a menudo para atacar se genera cuando el adversario está en zonas límite del tapiz y sus desplazamientos están condicionados o reducidos o cuando va perdiendo, el tiempo disponible es limitado, tiene necesidad de arriesgar y eso le obliga a generar una presión continua que le hace tomar menos precauciones en su avance. La debilidad en este caso sería de tipo situacional. Cuando su atención está focalizada en buscar su ataque a toda costa y roce la distancia crítica de forma poco precavida le podremos sorprender con un ataque que se anticipe a su intención aprovechando una debilidad de su planteamiento estratégico.

Adaptaciones a los sistemas de competición actuales:

La nueva reglamentación, que obliga a interactuar con mucha continuidad y a reducir de forma significativa los tiempos muertos, provoca que se acentúe la presión sobre el adversario, bien con la idea de puntuar o simplemente para llevar la iniciativa y evitar amonestaciones. Esto –unido al nuevo diseño del tapiz con menor área para evolucionar- obliga al competidor a adquirir una mayor capacidad de maniobrar en espacios reducidos.

Este tipo de presión genera mayores dificultades y mucho desgaste para los competidores que tienen un esquema general de contraataque y ha generado un modelo de combate mucho más ofensivo, con mayor número de acciones por asalto. Por otra parte, durante un eventual cuarto asalto uno de los criterios para establecer el vencedor del combate, en caso de que no se hubiese producido el “punto de oro”, es el número de acciones que hayan contactado sobre el adversario, aun cuando no hubiesen puntuado, por lo que es frecuente que se incremente la presión para atacar a medida que este asalto avanza sin que suban puntos al marcador.

Un esquema que se viene observando con mucha frecuencia es el del competidor que presiona de forma constante y genera acciones a partir del miro chagui para dificultar las contras del adversario, obligando a éste a interactuar. Esto conduce al competidor presionado a auto-puntuarse al avanzar hacia el atacante y contactar con el pie que éste interpone. Dos ejemplos del trabajo con presión a través del miro chagui son los siguientes:

  • Cuando nos disponemos a atacar y el contrario reacciona tensionándose para, inmediatamente después, relajarse, pasamos a atacar sorprendiéndole. (Ejemplo, inicio con miro buscando meternos en la distancia. Cuando ya estamos en la distancia generamos, mediante un brusco cambio de ritmo, una aceleración para sorprenderle).
  • Iniciamos con una acción de miro con la pierna anterior y así provocamos un desplazamiento hacia atrás del adversario. Cuando inicia el desplazamiento para recuperar el espacio o un ataque hacia nosotros, anticipamos frenándolo y buscando que se auto puntúe.

Características básicas de un sistema de ataque

Un sistema de ataque debe ser:

  • Seguro Durante el combate se limitarán los riesgos de forma que la técnica escogida para atacar comporte pocas posibilidades de contraataque. Por ejemplo, iniciar con miro chagui proporciona la seguridad de poder anular contraataques frontales o giros, más con el uso de dispositivos electrónicos con los que los contactos de las acciones lineales arrojan índices de efectividad superiores a los de las acciones semicirculares. Sin embargo, otros tipos de ataques (como los giros) son mucho más arriesgados y solo deben emplearse en circunstancias muy especiales como una enorme presión temporal para cambiar el marcador o un “hueco mental” extraordinario del adversario.
  • Versátil Una misma salida tiene que ofrecer la posibilidad de realizar varias técnicas, incluso con alturas diferentes. La salida debe ser -siempre que se pueda-idéntica, aunque el desarrollo posterior de las acciones varíe.
  • Universal Una posición de inicio tiene que ofrecer la posibilidad de realizar distintas técnicas tanto frontales como en giro o encadenar desplazamientos y otras técnicas con facilidad y velocidad.
  • Variable Mantener un patrón limitado de ataques hace nuestras acciones previsibles y fáciles de contrarrestar. Podemos variar los ataques realizándolos unas veces de forma directa con la pierna anterior, otras con la pierna atrasada, también encadenando con desplazamientos o con otras técnicas de pierna, corrigiendo de una pierna a otra o corrigiendo con la misma.
  • Creativo Se debe fomentar la creatividad durante el aprendizaje técnico. No debe encaminarse al competidor a encerrarse en los recursos que mejor maneja y que realiza habitualmente hasta su madurez competitiva. Para evolucionar es necesario estar abiertos a la posibilidad de aprender nuevos elementos técnicos y poder aplicarlos en situación de combate para aumentar la capacidad de sorprender. Las competiciones de rodaje y los combates con gran diferencia de puntos a favor en el marcador son circunstancias en las que se pueden experimentar los últimos recursos técnicos aprendidos para ir fijándolos progresivamente entre los recursos disponibles.

Si quieres acceder a mayor contenido puedes adquirir el libro “TAEKWONDO. Técnica, táctica, estrategia, competición”.

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Mercé Barrientos Varela junto a Jesús Benito Díaz.

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